Un hombre pequeño observa nervioso la dirección manuscrita al reverso de una foto. Ya ha dado tres vueltas a la plaza. La numeración no coincide.
Lo observo desde mi taxi.
Desesperado, el hombre me muestra la foto de una mansión en la que un perro negro nos vigila. Me da la dirección y lo invito a subir. Doy una vuelta a la plaza y lo dejo frente a una casa deshabitada y en demolición. Sin número ni perro que nos ladre.
Desconcertado pregunta: ¿Cuánto le debo?
– No es nada– le respondo – «corre por cuenta de la casa».